sábado, 4 de julio de 2026

Reverendo padre Peregrino Ziobro: Pastor de Dios que sembró el bien

Desde que llegó a Montero, erigió varios templos católicos en los barrios de la ciudad. También construyó escuelas, guarderías infantiles y gestionó recursos para concluir el albergue destinado a los adultos mayores.

Peregrino, hombre de inmensa fe y constructor por excelencia, jamás pensó que un día el destino lo traería a Montero, donde, como párroco de la iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, permaneció durante muchos años entre nosotros. No solo fue un buen pastor que cuidó de su rebaño, sino también un hombre solidario, plenamente identificado con la problemática social del pueblo.

Peregrino Ziobro nació en Cracovia, Polonia. Desde muy joven escuchó el llamado de Dios y respondió a su innata vocación ingresando a la universidad de su ciudad natal para estudiar Teología. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1952, fecha que siempre recordaba con profundo cariño.

Experto en la reconstrucción de monumentos históricos, fue designado por el entonces obispo auxiliar de Cracovia, Karol Wojtyła —quien posteriormente sería el papa San Juan Pablo II— como responsable del Museo Arquidiocesano, ubicado en el castillo real de esa histórica ciudad polaca.

Nuestro entrevistado comentaba que conoció muy de cerca a Juan Pablo II en esa época, atesorando ese privilegio en lo más profundo de su corazón. "He tenido, gracias a la Divina Providencia, la oportunidad de tratar personalmente con Karol Wojtyła", recordaba.

Afirmó que su designación como máxima autoridad de la Iglesia Católica fue un gran acierto, porque Juan Pablo II, con su carisma, fuerza moral y espiritual, además de conocer profundamente los problemas y las crisis del mundo contemporáneo, se convirtió en uno de los grandes pilares de la fe cristiana.

PEREGRINO CONSTRUCTOR

Antes de ser destinado a Bolivia, el reverendo Ziobro estuvo en Checoslovaquia, Italia, Francia, Inglaterra y Alemania. Desde el primer instante en que pisó Montero, con el entusiasmo que siempre lo caracterizó y ante la falta de templos en diferentes barrios y comunidades rurales, asumió con decisión la tarea de construir espacios para la fe.

Gracias a su esfuerzo, imaginación y al apoyo de instituciones eclesiásticas de Roma, levantó inicialmente la Capilla Pastoral, junto a la parroquia, además de otra capilla en Villa Cochabamba y la iglesia Exaltación del Señor en esa populosa barriada. Posteriormente construyó los templos de los barrios Virgen de Cotoca y Villa Fátima, en Guabirá.

Más adelante edificó un hermoso templo en la comunidad La Reforma y también participó en la construcción de una de las iglesias más grandes de Montero, ubicada frente a la plaza 14 de Septiembre, en Villa Cochabamba.

LOS NIÑOS Y LA JUVENTUD

Antes de la promulgación de la Ley de Participación Popular, las escuelas y colegios fiscales se encontraban en malas condiciones y eran insuficientes para atender la creciente demanda estudiantil. Consciente de esa realidad, el padre Peregrino dedicó gran parte de sus esfuerzos a mejorar la educación, especialmente en los barrios periféricos.

Trabajó incansablemente en la construcción de núcleos educativos, logrando concretar la unidad educativa Maximiliano Kolbe, en el barrio Urkupiña, infraestructura que posteriormente fue cedida a la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.

En el barrio El Porvenir inauguró la escuela San Silvestre y proyectaba construir, en Villa Cochabamba, un establecimiento técnico que permitiera a cientos de jóvenes acceder a formación profesional en diferentes áreas.

GUARDERÍAS INFANTILES

Su preocupación por la niñez llevó a este hombre, consagrado al servicio de los más necesitados, especialmente de las madres solteras y trabajadoras de los mercados, a impulsar la creación de guarderías infantiles.

Con el apoyo de instituciones locales inauguró una guardería en Villa Verde, cerca del mercado Jorge Nieme Anasta, y otra en el barrio San Jorge, próximo al mercado Fabril, ofreciendo un espacio seguro para el cuidado de los niños mientras sus madres trabajaban.

AYUDA A LOS ANCIANOS

El padre Peregrino también centró su atención en los adultos mayores desprotegidos y abandonados. Explicaba que el proyecto del albergue para ancianos se encontraba en la etapa de obra gruesa y que se gestionaban recursos para concluir la infraestructura, ubicada en el barrio El Porvenir.

Ziobro reconocía la invalorable ayuda que el Rotary Club brindaba al Consejo Parroquial para hacer realidad este importante proyecto social.



PEREGRINO EN EL CORAZÓN DEL PUEBLO

Como señalamos anteriormente, el reverendo Ziobro, ya con 69 años, mantenía intacta su fuerza interior, su espíritu de servicio y su incansable entrega pastoral. Sin embargo, el intenso trabajo afectó su salud y tuvo que viajar a su natal Polonia, donde fue sometido a una delicada intervención quirúrgica que, afortunadamente, resultó exitosa.

En esos momentos difíciles comprobó el inmenso cariño que el pueblo de Montero sentía por él. Numerosas instituciones expresaron públicamente su reconocimiento por su labor apostólica y social, una obra que, lamentablemente, nunca fue valorada en toda su dimensión por las autoridades locales, especialmente por el Gobierno Municipal.

Desde El Deber, y en nombre del pueblo montereño, solo queda expresar un sentimiento que resume el agradecimiento de toda una comunidad: "Gracias por todo, querido Peregrino".

 En el nuevo milenio, específicamente el 2 de noviembre de 2003, su noble corazón dejó de latir. Ese día, un pueblo profundamente agradecido le dio el último adiós a quien dedicó su vida a construir templos, escuelas, esperanza y, sobre todo, un legado imborrable de fe y servicio para Montero.

*Extraido del libro Personajes de Tierra Adentro de José Américo Ocampo – editado el 2010.


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