Desde que llegó a Montero, erigió varios templos católicos en los barrios de la ciudad. También construyó escuelas, guarderías infantiles y gestionó recursos para concluir el albergue destinado a los adultos mayores.
Peregrino, hombre de inmensa fe y constructor
por excelencia, jamás pensó que un día el destino lo traería a Montero, donde,
como párroco de la iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, permaneció durante
muchos años entre nosotros. No solo fue un buen pastor que cuidó de su rebaño,
sino también un hombre solidario, plenamente identificado con la problemática
social del pueblo.
Peregrino Ziobro nació en Cracovia, Polonia.
Desde muy joven escuchó el llamado de Dios y respondió a su innata vocación
ingresando a la universidad de su ciudad natal para estudiar Teología. Fue
ordenado sacerdote el 12 de julio de 1952, fecha que siempre recordaba con
profundo cariño.
Experto en la reconstrucción de monumentos
históricos, fue designado por el entonces obispo auxiliar de Cracovia, Karol
Wojtyła —quien posteriormente sería el papa San Juan Pablo II— como responsable
del Museo Arquidiocesano, ubicado en el castillo real de esa histórica ciudad
polaca.
Nuestro entrevistado comentaba que conoció muy
de cerca a Juan Pablo II en esa época, atesorando ese privilegio en lo más
profundo de su corazón. "He tenido, gracias a la Divina Providencia, la
oportunidad de tratar personalmente con Karol Wojtyła", recordaba.
Afirmó que su designación como máxima
autoridad de la Iglesia Católica fue un gran acierto, porque Juan Pablo II, con
su carisma, fuerza moral y espiritual, además de conocer profundamente los
problemas y las crisis del mundo contemporáneo, se convirtió en uno de los
grandes pilares de la fe cristiana.
PEREGRINO
CONSTRUCTOR
Antes de ser destinado a Bolivia, el reverendo
Ziobro estuvo en Checoslovaquia, Italia, Francia, Inglaterra y Alemania. Desde
el primer instante en que pisó Montero, con el entusiasmo que siempre lo
caracterizó y ante la falta de templos en diferentes barrios y comunidades
rurales, asumió con decisión la tarea de construir espacios para la fe.
Gracias a su esfuerzo, imaginación y al apoyo
de instituciones eclesiásticas de Roma, levantó inicialmente la Capilla Pastoral,
junto a la parroquia, además de otra capilla en Villa Cochabamba y la iglesia
Exaltación del Señor en esa populosa barriada. Posteriormente construyó los
templos de los barrios Virgen de Cotoca y Villa Fátima, en Guabirá.
Más adelante edificó un hermoso templo en la
comunidad La Reforma y también participó en la construcción de una de las
iglesias más grandes de Montero, ubicada frente a la plaza 14 de Septiembre, en
Villa Cochabamba.
LOS
NIÑOS Y LA JUVENTUD
Antes de la promulgación de la Ley de Participación Popular, las escuelas y colegios fiscales se encontraban en malas condiciones y eran insuficientes para atender la creciente demanda estudiantil. Consciente de esa realidad, el padre Peregrino dedicó gran parte de sus esfuerzos a mejorar la educación, especialmente en los barrios periféricos.
Trabajó incansablemente en la construcción de
núcleos educativos, logrando concretar la unidad educativa Maximiliano Kolbe,
en el barrio Urkupiña, infraestructura que posteriormente fue cedida a la
Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.
En el barrio El Porvenir inauguró la escuela
San Silvestre y proyectaba construir, en Villa Cochabamba, un establecimiento
técnico que permitiera a cientos de jóvenes acceder a formación profesional en
diferentes áreas.
GUARDERÍAS
INFANTILES
Su preocupación por la niñez llevó a este
hombre, consagrado al servicio de los más necesitados, especialmente de las
madres solteras y trabajadoras de los mercados, a impulsar la creación de
guarderías infantiles.
Con el apoyo de instituciones locales inauguró
una guardería en Villa Verde, cerca del mercado Jorge Nieme Anasta, y otra en
el barrio San Jorge, próximo al mercado Fabril, ofreciendo un espacio seguro
para el cuidado de los niños mientras sus madres trabajaban.
AYUDA A
LOS ANCIANOS
El padre Peregrino también centró su atención
en los adultos mayores desprotegidos y abandonados. Explicaba que el proyecto
del albergue para ancianos se encontraba en la etapa de obra gruesa y que se
gestionaban recursos para concluir la infraestructura, ubicada en el barrio El
Porvenir.
Ziobro reconocía la invalorable ayuda que el
Rotary Club brindaba al Consejo Parroquial para hacer realidad este importante
proyecto social.
PEREGRINO
EN EL CORAZÓN DEL PUEBLO
Como señalamos anteriormente, el reverendo
Ziobro, ya con 69 años, mantenía intacta su fuerza interior, su espíritu de
servicio y su incansable entrega pastoral. Sin embargo, el intenso trabajo
afectó su salud y tuvo que viajar a su natal Polonia, donde fue sometido a una
delicada intervención quirúrgica que, afortunadamente, resultó exitosa.
En esos momentos difíciles comprobó el inmenso
cariño que el pueblo de Montero sentía por él. Numerosas instituciones
expresaron públicamente su reconocimiento por su labor apostólica y social, una
obra que, lamentablemente, nunca fue valorada en toda su dimensión por las
autoridades locales, especialmente por el Gobierno Municipal.
Desde El Deber, y en nombre del pueblo
montereño, solo queda expresar un sentimiento que resume el agradecimiento de
toda una comunidad: "Gracias por todo, querido Peregrino".
En el nuevo milenio, específicamente el 2 de noviembre de 2003, su noble corazón dejó de latir. Ese día, un pueblo profundamente agradecido le dio el último adiós a quien dedicó su vida a construir templos, escuelas, esperanza y, sobre todo, un legado imborrable de fe y servicio para Montero.
*Extraido del libro Personajes de Tierra Adentro
de José Américo Ocampo – editado el 2010.


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